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“Nasha Natasha” llega a Netflix: un documental que explica el fenómeno de Natalia Oreiro en Rusia

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Natalia Oreiro es una celebridad, una artista multifacética y carismática que tiene cientos de miles de fanáticos. 

Ahora bien, en su día a día en Buenos Aires es posible que Oreiro salga a la calle sin mayores problemas. Quizá recibirá algún que otro saludo de lejos, una mirada curiosa o un pedido de foto, pero con un poco de ingenio probablemente se las arregla para ir a hacer las compras o pasear un rato. 

Nada de eso ocurre en Rusia, donde la cantante tiene una fama que está en otro nivel. Nivel estrella pop internacional. Al punto de no poder salir a la calle sin peluca. 

En ese peculiar fenómeno se detiene Nasha Natasha, un documental de poco más de una hora que desde el jueves 6 de agosto estará disponible en Netflix. La película fue estrenada en 2016 en el Festival de Cine Internacional de Moscú, y ahora llega a la plataforma de streaming con varios años de delay pero con muchas expectativas.

Dirigido por Martín Sastre y producido por Axel Kuschevatzky, el documental acompaña a Oreiro en la previa y desarrollo de la gira que hizo en 2014, cuando recorrió 16 ciudades en un mes. El viaje en tren, avión y colectivo sumó un total de casi 45 mil kilómetros, más de una vuelta al mundo (y en mucho menos que 80 días).

Nasha Natasha, que significa “Nuestra Natalia”, combina material de archivo con entrevistas. Están presente las voces de sus padres y hermana, amigas de la infancia, compañeros de trabajo y hasta Ricardo Mollo, su pareja desde hace años. También el pequeño Atahualpa aparece en algunas ocasiones. 

El paisaje helado de Rusia contrasta con el fervoroso recibimiento que tiene Natalia en cada lugar que visita. Hordas de fanáticos corren para verla de cerca y saludarla, y ella responde siempre con una sonrisa y predisposición que explica todo lo que genera.

Desde su niñez en Uruguay, pasando por su primera publicidad hasta el protagónico en Muñeca Brava, el documental va recorriendo hitos de la vida personal y profesional de Oreiro. Mientras, se la ve recorriendo escenarios, durmiendo en hoteles, viajando en tren y extrañando a su hijo. 

Los fans también tienen la palabra. Hay un grupo de jóvenes rusas que aprendieron español por el interés que les generó la novela con Facundo Arana en su momento (el actor también aparece en pantalla). 

Una periodista rusa radicada en Buenos Aires explica que, en su país, Argentina no es el país de Maradona o Evita, sino el de de Natalia Oreiro y Muñeca Brava. Milagros, el personaje de la actriz en la novela, tenía una fuerza y determinación que sirvió de referencia para muchas adolescentes.

El documental también muestra a una Oreiro más íntima, en la soledad de su habitación, componiendo en el vagón de un tren, o caminando por la casa que fue de su abuela en Uruguay. Nasha Natasha va y viene entre momentos más personales y los que tienen que ver con la gira o el trabajo. El problema está en cierta solemnidad para mostrar las escenas de introspección o emoción. 

Una voz en off hace las veces de separador. Con monotonía, un hombre lee definiciones de palabras o recita textos poéticos. En esos momentos es cuando la producción se desinfla. 

Por suerte siempre está el carisma y la sonrisa de Natalia para recuperar la atención y el interés. Ella es magnética, de eso no hay dudas, y queda más en evidencia que nunca en este documental.

Nasha Natasha nos acerca a la artista desde otro lugar, echa un poco de luz sobre el fenómeno que representa en Rusia y de paso, nos lleva de viaje por los helados caminos de la ex Unión Soviética.  

Nasha Natasha – Netflix (IMDB)

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La terminal de Unquillo, convertida en un espacio de arte

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Unquillo es considerado un “pueblo de artistas”. Basta con recorrer sus calles y rincones para encontrarse con obras de arte y al caminar se siente una atmósfera de inspiración. Fueron muchos los que atraídos por el paisaje bucólico y la quietud serrana se afincaron y se afincan en la ciudad. 

Entre los más destacados figuran los pintores Lino Enea Spilimbergo, Eugenio Rivolta, Guido Buffo, el autor del primer largometraje animado de la historia, Cristiani Quirino, y los contemporáneos Carlos Alonso y Álvaro Izurieta. 

Por eso, que un lugar cotidiano y de paso como la terminal de ómnibus se convierta en uno de arte donde sobresalen grandes murales de los íconos de la cultura y el arte como Alonso, Spilimbergo, Buffo y Leonor Buffo, es novedoso y sorprendente para los visitantes. Y de orgullo para los unquillenses. 

“La idea fue pensada para que se convierta en un espacio arquitectónico y artístico. Con estas intervenciones, Unquillo tendrá un nuevo lugar para recrearse y sentir lo que es vivir en un pueblo de artistas”, dice Alan Bassi, secretario de Obras Públicas y Privadas municipal.  

De este modo, la intervención arquitectónica y artística de sus andenes, techos, paredes y la recuperación de un antiguo bar se sumará al circuito de museos y espacios de arte local. 

Pintar a los íconos 

Martín Breccia, de 42 años, es artista plástico. Vive en Unquillo, donde imparte clases de dibujo y pintura. Su especialidad es el retrato, al cual se dedica desde los 16 años. Lleva realizados más de 4.500. 

Es descendiente de una familia de artistas, su padre, ilustrador gráfico, tiene el mismo nombre que su tío abuelo, el reconocido historietista Alberto Breccia. 

Desde hace un mes trabaja en la terminal para cambiarle la cara y convertirla en un lugar de importancia para los habitantes y para los que están de paso. Que la gente pueda ver y reconocer a esos íconos de la cultura local. 

Confiesa que a pesar de que trabaja con murales nunca hizo uno de tan grandes dimensiones como estos que representan a artistas que son su inspiración. Primero trabajo con copias en blanco y negro, y luego realizó las obras a color. 

“El desafío es la altura. Las obras miden entre siete y ocho metros de alto y el ancho es de tres metros. Las dos quintas partes de las columnas son huecas. Con tres listones visuales, superficies delgadas que tienen que representar la totalidad de la forma reconocibles de los rostros”, explica Breccia. 

A su vez, cada columna, donde están representados Alonso, Spilimbergo, Leonor Buffo y Guido, tiene dos lados: las pinturas de los rostros dan hacía las dársenas y en la parte de atrás, se observa una obra de cada artista. 

“En el caso de Alonso, elegimos la pintura que hace alusión a la dictadura, es un retrato de dos manos callando. De Spilimbergo elegimos la de su mujer e hijo, de Leonor una poesía de ella, y de Guido, la capilla Buffo”, cuenta. 

Hasta ahora lleva realizadas las ocho caras, frontales y posteriores de las columnas. Y bosqueja un mural de las Islas Malvinas para una de las paredes internas. Además restaurará el mural de Bártoli, que también es otro artista de la zona. 

“No había tomado real importancia que la gente de Unquillo le da a la terminal. Me agradece por lo que estoy haciendo”, destaca el artista nacido en Puerto Madryn, y que con solo 18 años fue el encargado del museo Lino E. Spilimbergo. 

La mirada de los otros

Breccia asume que al hacer este trabajo no solo está expuesto a la mirada de la gente común sino también de sus mismos colegas. 

“Estamos en una zona considerada de mayor concentración artística entonces es como ir a la cancha con Diego Maradona. Estás expuesto ante la mirada de pares. No solo fue un desafío técnico – estructural sino también la reacción de estas personas que viven en la zona”, destaca.  

Y relata que cuando hizo el mural con el rostro de Carlos Alonso, el artista se enteró y le mandó mensajes con su aprobación. “Eso fue un logro bárbaro, es el único de los representados que está vivo. Seguro que cuando se inaugure estará presente”, manifiesta. 

Consultado sobre la obra, desde su taller en Unquillo, Alonso responde a VOS: “Todo lo que se haga para promover la cultura, es bienvenido. Es lo que nos falta. El arte libera, contagia entusiasmo y emociones que son riquezas para el espíritu”.

Y agrega: “El hecho de que yo esté o no, no es lo relevante. Claro que me enorgullece que me reconozcan toda una vida de trabajo y esfuerzo por aportar a la comunidad un grado de riqueza, de belleza. Pero me interesa la importancia del arte”.

“Puse mi grano de arena para que Unquillo sea reconocido en otras partes, y a partir de Spilimbergo también. Como un lugar donde la pintura es importante y que contagia”, cierra.  

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Pasó la segunda jornada del Cosquín Rock Online y llega la hora del balance: una experiencia innovadora y perfectible

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Con el show que León Gieco ofreció este domingo desde su casa, empezaba a despedirse la primera edición del Cosquín Rock Online, un festival virtual que se pensó para volver sustentable al entretenimiento musical en tiempos de pandemia. 

Como está en edad de riesgo, el santafesino evitó expresarse en uno de los venues seteados para el evento, pero le puso calor a la extraña circunstancia de tocar ante una cámara y para miles que se intuyen del otro lado. 

Al cabo, desde gestos y emoción corporal, León se alineó al desconcierto de Andrés Ciro Martínez en la fecha inicial, cuando cantó Tan solo en un Luna Park vacío, y a la confesión de la comediante Dalia Gutman, quien en la tarde de ayer planteó abiertamente “No sé qué carajos es el streaming”. 

León Gieco aportó lo suyo delante un cortinado y acompañado por un  buda a su derecha y un Premio Gardel a su izquierda. Agradeció la convocatoria, recordó que el Cosquín Rock continúa la tradición festivalera de La Falda y confesó que hace 120 días que no sale. 

Posteriormente afrontó un set breve de cuatro canciones. Tres de ellas, tuvieron su correspondiente dedicatoria: El desembarco, a las Madres de Plaza de Mayo; El fantasma de Canterville, a Charly García; y Sólo le pido a Dios, a Mercedes Sosa, porque, según contó, la película de Win Wenders sobre el Papa Francisco tiene la versión que él hizo con la tucumana en la memorable serie de conciertos del Teatro Ópera, a comienzos de los ’80. 

La memoria fue la canción que completó su ofrenda folk. 

Pero más allá de los gestos interpretativos, lo concreto es que en el Cosquín Rock Online se registraron 170 mil conexiones (86 mil en la apertura, 84  mil en la clausura) y que el correlato digital del festival serrano estuvo a la vanguardia en materia de producción de espectáculos. De todos modos, quedan aspectos para mejorar, si es que esta nueva realidad vino para quedarse. 

Porque si bien ayer no se produjeron cortes ni deficiencias severas como en la apertura, los shows de Ratones Paranoicos, Los Cafres, Airbag y Turf se interrumpieron de repente a la media hora de comenzados.

Contrapunto de largada

La jornada de clausura había comenzado a la hora señalada con un interesante contrapunto femenino. Fue el que animaron la cordobesa Paz Carrara y la rosarina Rhiza. La primera emergió en el escenario Luna Park, con una propuesta de folk otoñal y melanco, mientras que la segunda en el Vorterix y en plan electrodiva respaldada por un operador de PC. El antagonismo de las propuestas se potenció por el marco en que cada una se mostró: Carrara, en la inmensidad de un estadio cerrado; Rhiza, en un ambiente que remitía a sala de ensayo. 

Llenar la inmensidad

Zoe Gotusso hizo su aparición más alineada al extremo de Carrara. La exmitad de Salvapantallas afrontó su concierto en la inmensidad de un Luna Park vacío, pero llenó cada espacio con ternura y talento. Al arrancar, confesó que su intención era llevar alegría “a las casas” y que había preparado algo “bien Domingo”. E inmediatamente comenzó a arpegiar con su criolla y a cantar con ese dulce registro que se le conoce. Zoe fue consecuente lo que le había adelantado a VOS recientemente, que tenía que ver con su pretensión de sonar más cercana a un ideal de fusión latinoamericana que indie. Entonces, entregó versiones sentidas de Cheio De Vazio (bossa del brasileño Paulinho Moska), Detrás de ti (del cantautor uruguayo, y de culto, El Príncipe) y de Guitarra, dímelo tú (de Atahualpa Yupanqui). Para entonces, Gotusso ya estaba acompañada Diego Mema (también cordobés, en otra criolla) y Chari (piano). Y bien predispuesta para encarar un tramo final de perlas propias. Estas fueron Monoambiente el capital, Tu compañía (que creó como frontwoman del grupo Coso) y Ganas.

Determinación

Luego de recordar que los derechos de las mujeres son vulnerados en su país, la chilena Cami abonó al factor power girl mostrándose autosuficiente para desarrollar un show con las limitaciones que impone el aislamiento. Fue en la misma sintonía que Pablo Lescano, de Damas Gratis: intuir las reacciones del otro lado en simultáneo con la expresión. Cami ratificó que es viable un folklore latino atravesado por una vibración electro, y al tiempo que percutió un bombo legûero, rapeó, bailó y recordó que tiene los ovarios bien puestos. 

Cumbia responsable

Pablo Lescano dijo que era la primera vez que Damas Gratis se juntaba desde que comenzó la cuarentena. Y que afrontaba la exigencia del festival en streaming sin ensayo previo. A decir verdad, la falta de actividad no se notó en un espectáculo bien al hueso y sin dispersión, que a su vez tuvo la recomendación “quedate en casa” y al trompetista aislado en otro extremo de la sala para que no “salpique”.

Hendrix en el pecho

Control Machete, Dr. Dre o Ysy A conviven en el universo de referencias de Trueno (salió con remera de Hendrix) se mueve con soltura entre el hip hop “vieja escuela”, el trap y sonidos más latinos. Como un buen ejemplo de la diversidad de estilos que conviven en su primer disco, el joven identificado con el barrio de La Boca estrenó en vivo grandes versiones de GPS, Atrevido o Azul y oro que lo mostraron como un rapero inflamable y protagonista natural de la escena nacional. Además, junto a dos MC y dos DJ, fue uno de los artistas que mejor se comunicó con las cámaras que registraron su concierto y aportó una importante cuota de frescura.

Flamea la bandera del indie

El Mató a una Policía Motorizado se presentó desde La Trastienda y desplegó una alquimia musical (y visual) que encajó a la perfección con el plan de seguir un festival rockero “desde casa”. Con desplazamientos de cámara que potenciaron el carácter etéreo de buena parte de la música del hoy sexteto, el show de Él Mató rankeó alto entre las mejores actuaciones de todo el festival. La bandera del indie guitarrero bien plantada y una nueva confirmación de su lugar de referencia en la música argentina actual. La participación de Anabella Cartolano, de Las Ligas Menores, fue oportuna pero dejó sabor a poco.

Entretenedores multiplataforma

El grupo liderado por el Martín “el Mono” Fabio demostró que se puede dar un show divertido y “festivalero” sin la complicidad de miles de personas pogueando algunos de los clásicos más festejados de cualquier Cosquín Rock, como El mono relojero o Me mata. Destacado en redes por su capacidad de “levantar a un muerto”, el frontman de Kapanga atravesó las pantallas con su carisma a prueba de todo.

Espíritus sólidos

La banda que venía golpeada por la salida de dos de sus integrantes un año atrás tuvo la posibilidad de demostrar que el sonido sigue intacto pese a que le falta una pieza fundamental: Santiago Moraes. Abrieron el concierto con un gran tema de su reciente disco “Sancocho”  llamado “Buscando la luz” y siguieron varios estrenos hasta que llegaron grandes hits como “Jugo”, “Huracanes” y “La rueda que mueve al mundo”. La banda sonó sólida y se mostró muy divertida con la idea de volver a tocar. Claramente esperaron meses por este momento.

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